El sexo expuesto

Publicado en 14 diciembre, 2007. Archivado en: Mara Muñoz -Londres | Etiquetas: , , , |

Por Mara Muñoz / Londres

Sobre quien expone al sexo, está por verse. La pretensión de exponer al sexo puede ser vista a través de algunos ejemplos que se expanden en analogías y análisis, que se subliman o denigran, dependiendo de los sentimientos que la sociedad asuma involucrados, y al valor social de éstos.

La exposición obscena es una forma, representada por la pornografía comercial, en la que el sexo hard-core es el tema, sin el cuestionamiento del poder en el acto, o la cursilería del amor. La médica, representada por la sexología, puro cuerpo, sin las complicaciones de los sentimientos, sin la fusión etérea que presume el amor. La reproductiva, el sexo como medio para perpetuar a la especie humana, sin la polémica del orgasmo –femenino primordialmente-, sin el debate del amor para toda la vida.

Exponemos al sexo, exponiendo el desamor que el propio acto conlleva. La exposiciones sociales del sexo tienen un claro componente de corporeidad, tan claro como que el sexo no se hace por telepatía, al menos que yo sepa –si alguien tiene información en contrario, favor de contactar a la mujer detrás de esta pluma-. Me refiero al desamor, porque el sexo en sí, no compromete nada más que a los cuerpos; sí, los cuerpos, no los órganos reproductivos – y menos uno femenino y otro masculino: engaño de los hogares, aulas y/o pulpitos-.

Sólo los cuerpos, cuyo sexo -en otra connotación- da lo mismo, excepto por la función reproductiva, claro. Montes de venus para el placer venéreo. Cisnes que sin serlo, como Zeus, deciden convertirse para enredarse en otros cuellos. Cómo un acto tan físico se ha impuesto como moral. Cómo un acto tan terrenal se ha elevado a mito.

El sexo se nos escapa de las manos, su control parece no depender de nosotros, pero su necesidad es tan real, que aún en la negación de la responsabilidad sobre el placer, cometemos el acto. En la culpa está el deleite, sino, qué sería de los católicos, entre otros. Es mejor dejarle la responsabilidad del placer a la moral, que asumirla en la esencia de la necesidad y del placer en sí; en esa que pasa por la razón, sin tener que llegar al sentimiento que compromete la voluntad y el cuerpo para siempre, al menos en teoría o teología.

El amor pues, no está en esta discusión. El sexo se envuelve en celofán de moral y mito, y el amor justifica, descalifica, anula, pero, ¿es este amor, o una arma de la moral? Es esa moral necesaria para frenar impulsos sexuales en contra de la integridad física de otras personas. Hasta que punto se puede crear una moral menos mistificada del sexo.

Volviendo al punto inicial, sigo en la idea de que el sexo es una acto corporal desprovisto en esencia de amor. El amor, lo acompaña o no, pero no lo justifica o desacredita.

Mi idea se ilumina al pensar que el sexo nunca ha estado censurado del arte. La sociedad ha censurado el arte que hace del sexo una manifestación artística, por el temor de ver plasmada una representación menos deformada del sexo. Menos deformada en términos de la moral impuesta; una representación más cercana al placer, a la locura, a los sentimientos, a la represión.

El Barbican en Londres, uno de los centros artísticos más importantes del Reino Unido, muestra en sus salas Seduced Art, Sex from antiquity to now, una exposición que muestra 300 obras de más de 70 artistas, creadas a lo largo de 2000 años. Maestros de la erótica o de la pornografía, como se le quiera llamar, -y si hay debate en el término favor de referirse al diccionario de la Real Academia Española: pornografía: carácter obsceno de las obras literarias o artísticas- como Francis Bacon, Gustav Klimt, Pablo Picasso y Auguste Rodin.

La dimensión física del sexo es transgredida por el arte; el único que es capaz de capturar para la posteridad, no sólo el acto sexual, sino toda la parafernalia –emocional o sentimental- involucrada. Apreciar la concentración de estas obras, es un deleite esperanzador y seductor. La esperanza llega por los alcances del arte para exhibir la incapacidad humana de asumir su placer sexual. La seducción evoca el peligro de cuán placentero puede ser el sexo, de tan sólo mirarlo.

*La exhibición estará montada hasta el 27 de Enero.

***

Invitación de Mundo Abierto:

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3 comentarios to “El sexo expuesto”

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Ta güeno, tendré q ir a la tal exposición, vieras q la explicación en este momento me parece apropiada ; – )

¡Qué ganas de ir a ver la expo! El tema de la relación amor-deseo es apasionante. Estoy de acuerdo en que si bien el sexo no implica necesariamente relación amorosa, tampoco la excluye. Sin embargo, creo que se trata de cosas distintas. La moral, sobre todo cristiana, pretende que la convergencia de ambas es deseable y de ahí se desprende toda la amalgama que se hace de amor y deseo, pero para mí son categorías más bien contradictorias. El amor busca perpetuar el deseo y el deseo huye constantemente de las cadenas del amor. No sé, quizá al amor corresponda una dimensión de moralidad porque implica el devenir de una pareja, un contrato pues, pero el deseo es amoral por naturaleza y no puede pactarse por su caracter intermitente. ¿Una moral menos mistificada del sexo? Yo creo que hay que buscar fuera de las tradiciones monoteístas. Saludos.

Así es Teresita, escribí el artículo buscando respuestas a dudas que me rovoloteaban en la cabeza últimamente. Qué bien que las compartimos.
Manuel, diste en el punto, gracias.
Un abrazo!


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