Tabasco bajo el agua: la tragedia prevista y la solidaridad espontánea

Posted on 29 noviembre, 2007. Filed under: Invitados | Etiquetas: , , , |

Texto y fotografías de Lara Rodríguez Warmington

¿En las buenas?… ¿y en las malas?… Los desastres nos muestran al ser humano que reacciona, sobrevive, defiende a sus queridos y su propia vida. Son instintos que sólo las circunstancias extremas tienen el poder de revelar. ¿Qué reflejan estas reacciones sobre nuestra cultura?

Pocas horas antes de mi cumpleaños sonó el celular… “Lánzate a Tabasco en el siguiente avión, no sabemos hasta cuándo”. No era exactamente lo que tenía planeado para celebrar mis 33 años en el planeta. Pero lo que más tristeza me dio al mirar por la ventana del helicóptero y pasar los ojos por los cientos de kilómetros de agua fue que este desastre masivo se podría haber evitado. Pero al parecer no es una prioridad para los políticos gastar el dinero pensando en los mejores intereses del pueblo. Una problemática mundial. México a lo mejor tiene fama de ser líder en corrupción, pero en todo el mundo sobran ejemplos de la falta de honradez de los políticos. Yo me imagino que se les ha de hacer emocionante arriesgarse a que los efectos de sus malas prácticas no florezcan hasta que ellos ya estén en puestos más altos, logrando sus metas personales, aunque sea al costo del pueblo. El desastre de Nueva Orleans después del huracán Katrina es un ejemplo más de cómo, gracias a estudios, se sabía de los riesgos y de la necesidad de inversión para prevenir un desastre humano. En Tabasco se sabía que los muros de contención del río Grijalva eran un riesgo por su antigüedad. Creo que realizar esa obra pública hubiera sido más conveniente que enfrentar el reto de ahora. Pero eso ya es el hubiera.

El ahora en Tabasco es una realidad muy diferente. A pocos días de las inundaciones empezamos la cobertura logísticamente mas complicada que yo recuerde haber hecho para la BBC. ¿Cómo moverse en una zona del tamaño de Bélgica, bajo agua? Y por supuesto que el agua parecía chocolate… lástima que no olía tan rico. Los únicos vehículos que podían pasar por los dos metros de agua que cubrían calles, carreteras, glorietas, pasos a desnivel, campos, tiendas, zonas residenciales, oficinas… eran los tráileres o camiones de carga. Todos los otros vehículos estaban atrapados en islitas de tierra alta o, en su mayoría, sumergidos. Una de las imágenes más claras que se me quedó grabada fue la de una gasolinera PEMEX …… sólo se veía el techo que quedaba como dos metros arriba del nivel de agua.

La solución ideal… andar en lanchas. Zonas como el centro comercial de Villahermosa se convirtieron en una Venecia… bueno, más o menos. Cientos de lanchas andaban al nivel de los toldos de las tiendas. Algunas rescatando gente, otras trasladando ayuda, todas trabajando al máximo. Total, una movilización increíble sobre el agua. Conocimos unos pescadores de la costa de Veracruz que habían traído sus lanchas hasta el centro de Villahermosa para apoyar en la emergencia.

Otro espectáculo poco usual fue el movimiento aéreo, una combinación de las Fuerzas Armadas y civiles. Todos los días, el cielo parecía desfile de vehículos aéreos. El Estadio Olímpico de Villahermosa se convirtió en un helipuerto en donde subían y bajaban helicópteros con una precisión impresionante. Tan solo bajaba un helicóptero, se abrían las puertas y se formaba una cadena humana. ¡Pin pon papas!, y las cajas de ayuda humanitaria viajaban por la cadena hasta que el piloto decía “ya no más peso”. Se cerraba la puerta y el pájaro volaba, abriendo cancha para el siguiente que llegaba con evacuados y se iba con ayuda. Unos 15 helipuertos en un solo estadio… no es el espectáculo que se suele dar allí, pero rebasó cualquier esfuerzo de equipo que yo haya conocido en los deportes. Naves y pilotos de todo el país trabajando día y noche con voluntarios locales para hacer llegar despensa a las pocas y pequeñas islas que quedaron arriba del nivel del agua y donde la gente se quedó sin nada, huyendo las aguas y las corrientes.

Pura acción. Nadie descansa, todo mundo trabaja día y noche en lograr sacar adelante su comunidad, su gente, sus queridos, sus pertenencias, su futuro, su pueblo, sus compatriotas. Hay un sentimiento muy intenso y emocionante de colaboración, de unión, de apoyo, de compartir. Ahora sí parece que todo mundo tiene un fin común. La reacción de todos fue muy obvia: unirse a la causa y hacer todo lo posible. Quizás en las buenas no, pero en las malas parece que no hay límites. Todo mundo estaba dispuesto para apoyar y parecía que no había limites, la gente no se cansaba porque estaba unida y no tenía tiempo para el reposo. Ahora sí los políticos demostraron su apoyo al pueblo y el pueblo respondía con gratitud a todo lo que se estaba haciendo. Parecía un mundo de hormigas trabajadoras. Todas las hormiguitas tenían su enfoque dentro de la misión común y todos lo hacían con las mejores intenciones. Quién sabe en qué charco hundió la gente el enojo, la desesperación, el pánico, el miedo. En vez de eso, se veía gente tan tranquila como si tuvieran costumbre de vivir en un estado de emergencia. Gente unida y con toda la voluntad de sacar adelante a su pueblo.

Me alejé un momento del remolino de actividad, esfuerzo, paciencia, bondad y toda la energía de unión que me había rodeado los últimos días. Me puse a comparar lo que estaba viviendo con lo que observé en Nueva Orleans hace un par de años. Me di cuenta de una gran diferencia cultural. Recuerdo como en Nueva Orleans la gente se la pasaba quejándose, pidiendo ayuda, hablando mal del gobierno, esperando su nueva casa, durmiendo en espera de una solución. Es un pueblo que exige todo de su gobierno y que piensa que la vida le debe una solución. Son gente malacostumbrada y que no tiene soluciones propias. Son producto de ese sistema. Pero aquí en México la gente sólo conoce el hacer por sí misma. Quizás en las buenas nos falta mucha unión, bondad, colaboración y mucho más. Pero en las malas nuestra cultura reacciona de una manera realmente impresionante. El espíritu de apoyo y compasión es uno que cualquier compatriota estaría orgulloso de sentir.

 

Mundo Abierto agradece la colaboración invitada de Lara Rodríguez Warmington, productora para la cadena británica BBC News.

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3 comentarios to “Tabasco bajo el agua: la tragedia prevista y la solidaridad espontánea”

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Lara: no sólo cualquier compatriota estaría orgulloso; episodios como los que relatas nos confirman que después de todo no somos unos hijos de mala madre y que puede haber esperanza. Muchas gracias por el relato: en estas situaciones (y no sólo para quienes están en tabasaco México) siempre son imoprtantes.

Gracias por hacerme recordar q pertenezco a este pueblo y gracias también a Mingo por su solidaridad.

mmm..los politicos ahora si atienden al pueblo…mmm..no..ellos son los culpables de esta inundaciòn artificial..corrieron prestos a tomarse la foto cargando raquiticas despensas…ahora corren prestos a agarrar el garrote para contener el descontento social de los damnificados de siempre, muchos de los cuales se quedaron sin sus precarias viviendas y no quieren regresar a sus charcos otravez..ahora es cuando la “patriòtica” solidaridad deberia estar presente, y las crònicas de esta triste realidad tendrìan que estar presentes, no nadamàs cuando es una “gran noticia” que venda..saludos desde la infectada y garroteada Villahemosa.


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