Ley Antitabaco: ¡No se metan con mis venenos!

Posted on 14 noviembre, 2007. Filed under: Salvador Frausto -D.F. | Etiquetas: , , |

Por Salvador Frausto Crotte / Ciudad de México

Me inquieta la gana desatada de los que desenfadadamente deciden que emprenderán una cruzada para prohibirle algo a los demás. Entiendo y respeto la decisión personal de aquellos que deciden un buen día -o uno malo- dejar de fumar, moderar su manera de beber o volverse vegetarianos, pero no comprendo por qué alguien puede levantarse una mañana cualquiera con la idea de promover una serie de acciones restrictivas para salvar a Los Otros de supuestos infiernos.

¿Qué habrá pasado por la mente del diputado Xiuh Tenorio, del partido Nueva Alianza, cuando comenzó a elucubrar esa iniciativa de ley que pretende prohibir que los chilangos echemos humo a placer en los bares, restaurantes y cafeterías? Lo imagino como un moderno Moisés, retirándose cuarenta días y cuarenta noches a un Sinaí solitario, reflexionando cómo puede salvar a la humanidad. Lo pienso hablando con el Espíritu Santo, ese alter ego que le dictó a Moisés las diez reglas que rigen o deberían regir el comportamiento cristiano. Lo veo recibiendo el consejo de ese ente etéreo. Lo miro emocionado luego de sentir la iluminación. Y luego redactando una propuesta legislativa para que en los establecimientos públicos se erijan muros que dividan a los fumadores de los no fumadores. Y añadiendo que en tales sitios se prohíba la venta de cigarros.

Feliz, lo imagino feliz. “Xiuh, qué ideota”, le habrá dicho su mamá.

La gana desbocada de los prohibicionistas ha estado presente desde siempre. Estuvo antes de Moisés y existirá después de Xiuh. ¿Pero por qué debo regirme por las reglas inventadas por quienes se asumen como ordenadores del universo? ¿Por qué tengo que amar a Dios sobre todas las cosas? ¿Por qué no puedo jurar el nombre de Dios en vano? ¿Por qué debo santificar las fiestas religiosas yendo a misa? ¿Cómo le hago para no desear a la mujer de mi prójimo?

Por eso no entiendo a Xiuh-Moisés. ¿Por qué deben los restauranteros construir una celda para puros y otra para impuros? Ya están delimitadas en bares y cafeterías las zonas donde podemos acomodarnos los fumadores. Eso está bien, muy bien. ¿Pero por qué los dueños de los establecimientos públicos tienen que pagar por la ideota de Xiuh? La propuesta de este diputado prohibicionista camina vestida de señora buena, de dama protectora de la salud, pero, si se aprueba, meterá a los restauranteros en un tremendo lío logístico, y a los chilangos nos orillará a modificar nuestras costumbres. Y todo por un moderno Moisés.

Sí, ya sé que en el mundo mueren, cada año, cinco millones de personas a causa de enfermedades provocadas por el consumo de tabaco, pero también sé que, también cada año, mueren 17 millones de personas en el mundo a causa de males producidos por el consumo excesivo de grasas. Colesterol mata nicotina, según las estadísticas.

Xiuh debería entonces, luego de dimensionar ambos problemas, proponer una ley para retirar de las calles los puestos de tacos, garnachas y hamburguesas. O bien podría promover un decreto para que expulsen del país a McDonald’s, Kentucky Fried Chicken, Burger King, Pizza Hut y Domino’s Pizza, por el daño que causan a la salud de los mexicanos.

Pero no, mejor no hay que darle ideas a los tantos Xiuhs prohibicionistas que están regados por este y otros países. Los consumidores de tacos de suadero, tripa y longaniza tienen el derecho de inyectarse grasa en la sangre. Son sus venas y de nadie más. Los asiduos a las hamburguesas y a las pizzas tienen la libertad de alimentarse como se les dé la gana. Es su vida.

Todos tenemos derecho de elegir nuestros propios venenos, así sea el tabaco, la grasa o el azúcar. Es un asunto de libertad, de poder optar, elegir, decidir. Por eso no estoy de acuerdo con esta moda californiana de prohibir, prohibir, prohibir.

Una taza de café sin cigarro no es vida.

Un whisky sin tabaco es la muerte.

Si se aprueba la ley Xiuh los capitalinos tendremos que decidir de qué lado del muro nos colocamos. Yo me iré a donde haya humo, y no aceptaré visitar los restaurantes que opten por abrir sus puertas sólo a los no fumadores. No acudiré a los bares que me discriminen por consumir cigarros. Sacaré de mi agenda a las cafeterías que atropellen mi derecho a meterme nicotina en los pulmones.

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31 comentarios to “Ley Antitabaco: ¡No se metan con mis venenos!”

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Ayer discutía el asunto con mi amigo Manolo en la cafetería del Bella Época, donde nunca se permitió fumar. Él argumentaba que ya con la contaminación ambiental estamos muy dañados y el tabaco ya es extra. Pero el problema no es que fumen donde está la contaminación –afuera– sino que la traigan a los espacios cerrados donde nos protegemos de ella.

Manolo decía también que era un gesto autoritario. Vale, lo es. Pero me acordé de algo que me pasó en Delhi. Estábamos en un restaurante muy pequeño, nueve mesas dispuestas en tres hileras paralelas. Cuatro europeas estaban en la del centro. Terminaron de comer y las cuatro, al unísono, encendieron los cigarros. El humo se vino de inmediato sobre mí, que tenía el bocado en los dedos –era un thali– y rumbo a la boca, y sobre varios de los demás comensales, de quienes el más lejano se encontraba a metro y medio del grupo. En sus países, por ley o por educación, ellas no hubieran hecho eso. Pero allí estaban en India, ¿no?, tercer mundo, ¿ves?, y si no va uno allí a meditar hasta la levitación, por lo menos sí a actuar como patán. Les pregunté por qué hacían en India lo que no en su país. No tenían argumentos y no dijeron nada, pero mostraron su molestia y su decisión de seguir abusando de la falta de normas de protección a los no fumadores.

Cuando uno se llena de grasa o azúcar, es uno quien paga las consecuencias. El fumador le llena la nariz de humo al prójimo (y en general tira la ceniza al piso, y después las colillas). Por no hablar de los fumadores de puro, los máximos y más desagradables invasores del pulmón ajeno. Su hediondez se extiende a metros de distancia de donde están. Conozco tipos que creen que el puro los hace elegantes o sexies. A mí me parecen apestosos, ofensivos y sucios. Conozco muchas chicas que opinan algo parecido, así que les advierto que están limitando sus posibilidades con el género opuesto.

Sería mucho mejor que no fuera necesario imponer restricciones y que todo quedara en el sentido común y el respeto de los fumadores a los no fumadores. Y en la mutua complicidad de que hay ciertos espacios –como un bar– donde todos vamos a ejercer los vicios y ahí se vale. Al regresar de mi viaje, tras dos años, pude notar que la civilidad ha aumentado en muchos fumadores. En contraste con mi adolescencia: en aquella época, parecía que el que no fumaba vivía en el error y sugerir incomodidad con los humos de otros era maleducado. Hoy, por fin, se reconoce que uno tiene derecho no de vivir sin humo, sino al menos de comer sin él. Es un avance y felicito a los fumadores que hoy demuestran esa sensibilidad, aunque en un futuro cercano esa actitud dejará de verse como una gracia y será considerado como un gesto elemental de educación. (Increíblemente, hoy todavía se ve mal a quien decide que en su casa no se fuma.)

Pero estos fumadores conscientes siguen siendo una minoría entre los suyos. Y temo que muchos actuarían como las patanas de Delhi si tuvieran la ocasión.

Crecí en un país de fumadores y con amigos fumadores, así que estoy tan acostumbrado a la mala vida que preferiré ir con mis amigos a donde puedan fumar. Lo que me preocupa es qué va a hacer Salvador Frausto mañana, cuando su determinación de no visitar los lugares “donde lo discriminen por consumir cigarros” se pondrá a prueba. Este jueves 15 de noviembre se presenta “Los Amos de México”, un libro para el que Salvador escribió un capítulo sobre Lorenzo Servitje, nada menos que en el Bella Época, el sitio donde empecé a discutir este tema con Manolo porque discriminan a los fumadores.

Él tiene que ir, pero… ¿se someterá a la opresión antifumadora?

¡Ya veremos qué hace nuestro admirado Súper-Garro, defensor de los pobrecitos echahumos!

Hola Salvador. Es un placer leerte. ¿Cómo comenzar? Por lo que entiendo no se está prohibiendo fumar: se prohibe fumar en ciertos lugares públicos. Los “supuestos infiernos” que provoca el tabaco son hechos probados científicamente (aunque, por obvias razones, lo niegan las tabacaleras y los estudios que ellas financian). Los efectos cancerígenos del tabaquismo pasivo (que la gente alrededor de un fumador respire el humo del cigarro a fuerza), están muy bien documentados también. Por eso no es pertinente la comparación con el consumo de grasas: éstas no se van a las venas de uno si no decides consumirlas.
En México como que cuesta trabajo aceptar medidas de interés público (como la implantación del alcoholímetro o los radares de control de la velocidad vehicular) que en otros países ya funcionan. En Europa, por ejemplo, se asumió desde el principio que la prohibición del cigarro en lugares públicos cerrados (no sólo cafés y restaurantes) era una medida razonable.
Recibe un cordial saludo y felicidades por el libro.

Cuando como tacos de colesterol, no hago daño más q e a mi misma, pero si fumo cerca de mi hija no solo me daño yo, de paso también a ella que ni culpa tiene de mis vicios. Conste q no fumo y menos tomo ¿verdad Temoris? Solo una piña colada.

Lo que dice Teresita me recordó algo

¿Quieren ultras? En Nueva Zelanda, si en tu coche suelen subirse niños (propios o ajenos), está prohibido fumar adentro de él. Aún cuando ellos no van en él.

(Y si la gente te ve fumar cerca de donde hay niños, ¡ug, aléjate Patanás!)

Chava: siento decirte que esos eran mis argumentos hace un año cuando la cruzada antitabaco atacó de tal manera Barcelona que era imposible fumar tranquila en ninguna parte. De un día para otro, a los fumadores, la gente nos señalaba y nos miraba con mala cara y, claro empezamos a sentirnos observados –ob-ser-va-dos– y criticados.
Así que muchos pasamos del: “Lo siento..ya lo apago” a sentirnos culpables por fumar. Otra vez, ese “sentimiento” católico que tanto daño nos ha hecho anidó en nuestro cuerpo. La cuestión es que de un día sin darnos cuenta muchos dejamos o coqueteamos con dejar de fumar. Yo, a veces, me descubro a mí misma siguiendo a un fumador para oler a tabaco. Imagina. Otros, me refugio en el balcón y enciendo un pitillo cuando nadie me ve. Fumar aquí ya no es un acto social es individual y casi inconfesable.

Yo creo que el artículo de Salvador está tan impecablemente bien escrito que puede hacernos caer en el engaño del debate de los liberales vs los conservadores; o el de los prohibicionistas vs los respetusos de la libertad ajena. Lo cierto es que cuando me inyecto colesterol en las venas, que quienes me conocen saben que tengo alto rendimiento en ese deporte, o cuando me hecho, muy asiduamente, mis muchos tragos, no afecto directamente la salud de los demás. Tal vez es cierto que los muros pudieran ser un exceso, pero el espíritu de la medida no es, al menos en mi opinión, castigar al impuro sino defender precisamente el derecho a la salud del no fumador y lo digo aunque yo soy uno de esos hediondos, como nos llama Témoris, que se fuman 3 o 4 puros al mes, no por ser sexy ni elegante, como el afirma, ya que entiendo a priori que ni sometiendome a un “extreme makeover” y disfrazandome después James Bond, lograría ser ni lo uno ni lo otro, simple capricho gastronómico que no pretendo que entienda aunque si pretendo que no le afecte ni en su comodidad ni en su salud

Preparaba una respuesta abundante, pero ya te la dieron quienes me precedieron: no es una cuestión del veneno que te metes tú, es cuestión de que tu veneno le llega a otros.

Sé que parece una medida autoritaria, pero yo puedo hablar desde el otro lado. A mí en lo personal me afecta el humo, de cualquier tipo. No repruebo que la gente fume, pero independientemente de los daños para los fumadores de segunda mano, de sobra sabidos, resulta muy incómodo para quienes no fumamos llegar a un bar que está sumido bajo una nube de humo; no estamos diciendo que quienes fuman no vayan a dicho bar, sino que permtan que quienes no lo hacemos vayamos también. Tu hábito de fumar ha sido tu elección y te puedes desprender de él por un momento; mi condición de asmática no fue la mía y ¡ojalá me pudiera librar de ella para sentarme a fumar junto a ti!

Este asunto de las divisiones en lugares públicos es muy polémico; tanto como la regla general de que tus derechos terminan donde empiezan los de los otros, pero eso es algo que depende del lado de la cerca donde te toque estar.
Es muy interesante, por ejemplo, el caso de los adultos que han decidido no tener hijos simplemente porque no les gustan los niños. Creo que es perfectamente válido que alguien no soporte los grititos de los chamacos correteándose unos a otros, ni los berridos del bebé que chilla sin que su mamá la haga caso. Si esas personas van un restaurante y les toca una familia repleta de niñitos en la mesa de al lado, ya se amolaron. Yo no veo por qué esas personas tienen que aguantar que un chamaco ajeno mal educado venga a limpiarse sus manotas llenas de mocos y salsa catsup en el saco que dejaron colgado en el respaldo del asiento; pero, ¿te imaginas el escándalo que se armaría si pidiéramos que en los restaurantes hubiera secciones de niños y de no-niños?

Tenemos derecho a elegir nuestros propios venenos. ¡Claro Chavadaba! Son tus gustos, tus elecciones. Nadie te está prohibiendo fumar, se te está limitando tu voluntad de hacerlo siempre que afectes a los demás.

Entiendo tu enojo, porque la medida no sólo protege a los no fumadores. Antes de la reforma, nació con toda la intención de reducir el número de fumadores, o al menos, disminuir su adicción.

Pero como no creo que se trata de prohibir para redimirse como dioses o para castigar, quiero entender el sentido social y público de hacerlo.

Chava, ¿Por qué nos metemos con tus venenos? Porque tu placer de echar humo afecta. ¿Cómo? Como problema de salud personal, como problema ambiental y como problema de salud pública. La primera te compete, así que tratemos aquí las dos últimas.

Busqué datos para no dejarnos ir por el lado del drama personal y los encontré en la susodicha iniciativa (www.accionpan.com/Archivos6061/26-26.pdf) coloco cuatro párrafos:

Como problema de ambiente y de salud pública:

“… el humo del tabaco en el ambiente provoca enfermedades respiratorias en niños e incrementa su riesgo en los adultos, además de ser considerado el contaminante más importante en el ambiente de los interiores de las viviendas, lugares de trabajo y de servicio público”

“… en una serie de estudios identificados en la base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, revela que los efectos adversos por la exposición al humo del tabaco en el ambiente para los trabajadores de los servicios de establecimientos como restaurantes, bares, cantinas y tabernas son considerables, ya que se encontró que es evidente el incremento del riesgo de cáncer pulmonar y otras enfermedades relacionadas. Este análisis se dirigió especialmente a la exposición de (humo del tabaco en el ambiente) HTA como riesgo ocupacional para los trabajadores de este tipo de establecimientos. No obstante se identificó otro grupo de personas expuestas al tabaco como factor de riesgo en estas áreas: dueños, proveedores, cocineros, personal de seguridad, limpieza y mantenimiento, además de los clientes asiduos y eventuales entre los que se pueden encontrar, adultos mayores, mujeres embarazadas, niños o personas enfermas”.

Me pareció importante citar el siguiente párrafo porque habla de las consecuencias del consumo y EXPOSICIÓN al uso del tabaco y porque nos lleva a imaginar los costos que debe generar para el sector salud tratar las enfermedades consecuentes:

“Los daños a la salud que ocasiona el tabaquismo se relacionan con múltiples enfermedades asociadas al consumo y exposición del humo del tabaco, dentro de las que se incluyen: Enfermedades respiratorias como: rinitis, amigdalitis, faringitis, laringitis, traqueitis, bronquitis, neumonía, bronconeumonía, asma bronquial y enfisema pulmonar obstructiva crónica; de enfermedades cardiovasculares: reumatismo, hipertensión, infarto al miocardio, otros infartos, enfermedades cerebro vasculares, ateroesclerosis y aneurisma aórtico; de enfermedades gastrointestinales: gastritis, úlcera gástrica y duodenal, gingivitis y colitis; de enfermedades pediátricas: bajo peso al nacer, síndrome de dificultad respiratoria y síndrome de muerte súbita en infantes y por último de enfermedades oncológicas, cáncer de: labio, cavidad bucal y faringe, esófago, estómago, páncreas, laringe, pulmón, traquea, bronquios, vejiga, riñón y otras estructuras urinarias”.

Eso de que está muy bien la separación puede ser tolerado por fumadores y no fumadores, pero… no es totalmente efectivo:

“En un estudio realizado en Estados Unidos por Lambert y colaboradores (base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos), se compararon partículas suspendidas respirables y niveles de nicotina entre secciones de fumar y no fumar de siete restaurantes y, en las secciones de no fumar, encontraron concentraciones medias de partículas suspendidas respirables y nicotina 40 y 65 % menores, respectivamente. Se concluye que la separación simple de fumadores y no fumadores reduce, pero no elimina la exposición de los fumadores involuntarios al humo del tabaco en el ambiente”.

No son nuevas las normas, ni todas tienen sentido, pero ésta evita que tu placer de echar humo exponga involuntariamente mi salud y la de muchos no fumadores.

¡Déjanos elegir nuestros propios venenos!

!Saludos y felicidades por el libro!

Hola a todos. Esta mañana tuve una entrevista en el restaurante El Cardenal de la calle de Palma, en el centro de la Ciudad de México. Cuando llegué el gerente o señor que asigna mesa me preguntó si quería una mesa para no fumadores porque las destinadas a echadores de humo estaban todas ocupadas. Le dije que no, que esperaría. Pasaron varios minutos antes de que llegara mi entrevistado, justo en el momento en que, por fin, se desocupó una mesa para fumadores. Apenas comenzó la charla encendí mi primer cigarro. Él desayunó y yo no y, como debe ser, dejé de fumar mientras él disfrutaba sus huevos a la mexicana. Creo en las normas de cortesía y en las reglas de educación, en los consensos sociales para dejar de fumar si es que uno le resulta incómodo a un anciano o a una mujer embarazada o a una persona con asma –como Eileen– o a ciertos padres que tienen como norma evitar que se fume cerca de sus hijos. Mañana, en la presentación del libro al que hace referencia Témoris, no fumaré mientras dure el evento pues no está permitido, pero en cuanto termine saldré volando a fumar en el espacio destinado para el brindis, donde sí se puede echar humo. En casa de mi abuela, por ejemplo, no fumo: a ella le hace daño por una operación que tuvo en los ojos. Salgo al patio de su casa para inhalar mis venenos. Está bien, todo eso lo entiendo. Pero la creciente tendencia al prohibicionismo está generando esa cosa horrible a la que hace alusión Catalina: el desprestigio social, la censura moral, la mirada recriminatoria. Eso es simplemente alentar la segregación. Por eso digo: ¡Venga!, que los fumadores respetemos los derechos de los no fumadores. Pero también: ¡Venga!, que los no fumadores respeten los derechos de los fumadores. Compro todita esta frase de Témoris: “Y en la mutua complicidad de que hay ciertos espacios –como un bar– donde todos vamos a ejercer los vicios y ahí se vale”. Ese es el punto central: se vale que en espacios consensuados podamos convivir fumadores con no fumadores, y estos espacios son bares, restaurantes, cafeterías, billares… De igual forma que se vale que los fumadores nos abstengamos en ciertos espacios o circunstancias: mientras comemos, cuando hay niños, en las casas donde no hay ceniceros visibles o que preguntemos si podemos o no fumar cuando nos subimos a un coche ajeno. Comprendo que en cines y teatros no se pueda fumar, de verdad. Pero me asusta que sigamos la tendencia gringa y europea, que citan Catalina y sobretodo Marco, de admitir como razonable el atropello de las libertades de los fumadores. Es un asunto de respeto a las libertades y a los derechos, y los fumadores debemos tener libertades y derechos, al igual que los no fumadores. El difícil punto medio que concilie ambos derechos debe ser mirado desde una óptica liberal, no prohibicionista. La asociación de restauranteros de la Ciudad de México propone, por ejemplo, que cada dueño decida si su establecimiento será sólo para no fumadores, sólo para fumadores o si pone una barda entre uno y otro ghetto. Pero que los diputados locales ordenen que se construyan muros me parece un avance de la óptica prohibicionista y una decisión que por autoritaria deviene en antidemocrática.

Yo estoy tratando de dejar de fumar, poco a poco, más por necesidad que por convicción. De verdad me parece un vicio delicioso, siempre y cuando tenga más de delicioso que de vicio. En fin.
Cuando cumpla mi cometido, sólo prometo no ser como esos exfumadores que son peores que los nunca fumadores; esos que tosen fuertemente (y de forma fingida) cuando alguien prende un cigarro, ni los que hacen comentarios molestos, como: “sabes a cenicero”…
Entiendo el debate del que acaba fumando sin querer hacerlo, por acción del que prende un cigarro, pero creo que la discusión (que está buenísima) de pronto cae en extremos muy lejos de nuestras culturas e ideas. Estoy de acuerdo con Salvador, en el sentido de no volvernos gringos o europeos en ese sentido.
Relajémonos un poco, como dice Sabina: “Si lo que quieres es vivir 100 años…” La vida tiene un poco de bueno, un poco de malo, un poco de limpia, otro tanto de sucia… No nos aferremos a vivir tan asépticamente, no vamos a andar por la vida desinfectando el ambiente… ¡Desarrollemos nuestros anticuerpos!
Claro, sin ser agresivos con nuestro entorno, incluyendo a los otros seres humanos.

I come from a country where—as in New Zealand—the smoking ban is so militant it extends to the inside of cars with kids. It wasn’t always that way. I remember (not fondly) the smoke-filled haze on the ride to school in the back of Dad’s Renault, the overflowing ashtrays at his office and the cigarette butts plugged into pot plants outside our house. Unimaginable in the squeaky-clean cities and workplaces of Australia today. The thing is, since the bans have been in place (at least the last ten years), public attitudes to smoking have changed to follow. To smoke in Australia used to be cool. Paul Hogan—aka Crocodile Dundee—became famous in the 70s selling cigarettes from the top of the Sydney Harbour Bridge. Could you see crocodile hunter Steve Irwin, Hogan’s sadly missed modern day equivalent, doing the same thing? As in Europe, smoking in Australia makes you a pariah. You wouldn’t dream of doing it in public, let alone in someone else’s house. It’s seen as shameful, a weakness, a dirty little habit to be hidden at all costs. Salvador railed (and rightly, I think) about the loss of smokers’ civil liberties, but the next stage is even more sinister: social conformism. The anti-smoking lobby have all but won the fight, in Australia at least, but I’m not sure I like their tactics.

I’m a non-smoker. I quit five years ago, when my dad discovered a cancerous lump on his tongue (it got operated and he’s fine). Now if I have a cigarette with my beer I wake up the next day feeling like I’ve licked an ashtray. But, because I want to live in a society where people are judged for their actions, not their personal habits, I cannot support blanket smoking bans, or blanket anything bans. The argument, it seems to me, is not whether a smoker should have the right to exhale over a non-smoker, but whether any of us have the right to stop them from making that decision for themselves.

Perdón por llegar tarde al debate. Comparto la posición de Salvador. Y como fumador, también respeto a los no fumadores. Cortesía elemental. Aquí la bronca es que la medida antitabaco resulta discriminatoria en lo social y aberrante en lo económico. Es tratar a los ciudadanos como menores de edad y meter en problemas innecesarios a los dueños de establecimientos. Los restauranteros tienen razón al proponer que sean ellos los que decidan libremente si se fuma o no en su changarro. Su propuesta es la única que respeta el libre albedrío de todos. En vez de levantar muros, bastaría con dos letreros que digan “Aquí sí se puede” y “Aquí no se puede” ¿Por qué van a decidir estos asambleístas por mí o por el dueño de un café lo que hemos de hacer o no hacer? Aquí creo que tanto fumadores como no fumadores podemos coincidir en el rechazo a la discriminación que la medida supone. Después, quién sabe, pueden prohibir el colesterol, que se coma carne, lo que se les ocurra que es bueno para nuestra salud…
Lo que le decía a Témoris el otro día es que toda esta histeria colectiva antitabaco va saltando de país en país y todos acabamos adoptando la norma gringa. Leí en un artículo que todo empezó cuando, en 1964, Washington quiso distraer la atención de los miles de casos de cancer ocasionados por ensayos nucleares en Nevada, pidiendo a varios expertos que documentaran los daños causados por el tabaco. Fue el inicio de la cruzada antitabaco y de la industria de fármacos que la acompaña desde entonces en todo el mundo. El tal Xiuh se ha de sentir muy progre, muy “como en Europa”, con su ley antitabaco, pero en el fondo es una medida retrógrada. Si tiene éxito, creo que será porque apunta a un blanco perfecto para exorcisar los miedos que genera vivir en una sociedad como la nuestra, que se parece (hasta en eso de las prohibiciones) cada vez más a la gringa. Saludos y felicidades por el espacio.

Manuel subraya algo importantísimo: ¿y los derechos de los restauranteros, de los duños de los establecimientos? Ellos inviriteron dinero para crear un espacio donde la gente pueda comer, tomar un café o una copa; arriesgaron su plata. ¿Quién vela por sus derechos? ¿Un diputadillo que se siente en ‘onda europea’?

Amigo Chava, como casi siempre, tienes toda la
razón, coincido con tu alegato plenamente…
Tengo seddd!!! de tabako!!
Saludos a todos…

Qué onda, Casillas. Espero vernos pronto, para fumar, fumar harto, y beber un poco…
Un abrazo

Salvador,

yo no entiendo esa idea de respeto de dejar de fumar sólo mientras alguien come. ¿Por qué no dejar de fumar mientras alguien respira? eso sería para mí respeto. Seguro que después de los huevos a la mexicana encendiste tu cigarro con todo el derecho que te daba estar en una mesa de fumadores.

Nosotros los fumadores creemos que el aire con nicotina es normal, hacemos bocanadas y las lanzamos sin pensar que contaminan el medioambiente. Ya ni menciono el hecho de que ese humo hace daño, tan sólo que genera un olor artificial y molesto, un olor a vicio que está cargado implícitamente de conceptos como muerte, enfermedad o inhumanidad, un olor que nadie debería de estar obligado “fumarse” ni en la más mínima cantidad.

¿Qué dirías si el administrador de tu edificio, un total desconocido, decide poner los botes de basura que reúnen los desechos de decenas de los otros vecinos al lado de la ventana del lugar donde más pasas tiempo y los destapa a cada rato tan sólo porque le causa pasión?

La pregunta no es ahora por qué se prohíbe fumar, sino ¿por qué alguien nos dejó fumar enfrente de la gente que no lo hace, en lugares donde el aire no circula?

Yo soy un fumador muy mesurado y, así como los vegetarianos o los que siguen ciertas reglas en el mundo para no molestar a los demás, sólo lo hago en condiciones muy extremas: cuando el aire sopla a un lado donde no hay personas, cuando de plano no hay gente, o cuando el aire está tan denso de nicotina que prefiero convertirme en fumador activo para dejar de ser pasivo.

Que cada quien haga lo que quiera con sus vicios, pero que no se cargue con ello al resto de las personas.

Y.

Yaotzin: me parece una exageración toda la campaña antitabaco: tanto el daño hacia fumadores pasivos como el de las enfermedades que causa. Sí, ya sé que hay estadísticas y estudios. Pero, por ejemplo, nunca he podido encontrar una estadística que nos diga que de cada diez fumadores mueren TANTOS a causa de enfermedades producidas por el tabaco. Conozco a más fumadores que han muerto de causas ajenas a su adicción que a fumadores que hayan caído en las garras de una enfermedad causada por el tabaco. No niego que haya muchos enfermos y muertos a causa del humo, pero de verdad que hay una histeria sobre el asunto.
Y PROTESTO: los diputados federales aprobaron que en todo el país se limiten mi libertad de envenenarme y los diputados del DF ya aprobaron la ley esa para construir muros en los bares, para encerrarme en una jaula a echar humo. PROTESTO.

Chavadaba, ¿necesitas un estudio de la Universidad de Harvard con estadísticas de fumadores pasivos muertos para darte cuenta de que cuando fumas molestas a gente que no te ha hecho nada?

Salvador: ¡No les des ideas! Seguro mañana te saca algún diputado o asambleista esa estadística que buscas. Si hasta dijeron que el tabaco podía ocasionar encefalia, estres en el corazón, influenza y neumonía (¡!).
Claro que hay histeria, además de paternalismo y agandalle. Si se mira fríamente el asunto se debería dejar que decidan los dueños de los establecimientos para que todo mundo preserve su derecho a decidir lo que quiere bajo su riesgo sin molestar al prójimo. Tengo entendido que es la opción que se retuvo en España. Se puede garantizar el derecho al aire libre de tabaco para unos y atascado de humo para otros (la mierda del resto del aire la respiramos todos).

Lo que es hipócrita es generar argumentos histéricos para normar la vida de la gente, obligar a los establecimientos a levantar muros y tratar a los fumadores como apestados para darse buena consciencia y en vez de reconocer el problema de fondo. Por ejemplo, un no fumador en su coche produce en un día el equivalente de 10’000 cigarrillos en monóxido de carbono. ¿Los no fumadores van a dejar de usar el coche para mejorar la calidad del aire? Apoyar la ley porque me choca el cigarro está muy bien, pero que se diga tal cual. Apoyarla porque es una ley justa y sensata es hipócrita.

Vale, yo dejo de usar mi coche.

La ley de los prohibicionistas es, como bien dice Manuel, una ley injusta e hipócrita. ¿Hasta dónde van a llegar estos puritanistas? Y sí, que algún diputadillo o universidad prestigiada saque un estudio serio que no le dé vuelta a la dimensión real de los daños causados por el tabaquismo, para salir de la histeria en la que tienen metidos a hartos ciudadanos (Témoris incluido). Qu

Ora, ora!

Aquí está todo tan bonito y allá todos a puro garrote.

No hay que ser!

Esta tarde tuve un pleito con el gerente, la recepcionista y un par de meseros de El Bajío, un fabuloso restaurante de comida mexicana. Resulta que esperamos media hora para que nos asignaran mesa y, ya que logramos sentarnos, pues pedimos las bebidas y, enseguida, le solicité al mesero un cenicero… me dijo que era zona de no fumadores… y, pues me enojé. Le hice saber que habíamos pedido mesa de fumadores, que había esperado media hora (con todo y mis muletas: ando con una pata jodida) y que debían reubicarme. Me dijo que no se podía. Le dije que sí se podía. Vino otra mesera. Me dijo que tendría que esperar otra media hora más, mínimo. Le dije que de acuerdo, que esperaría, pero sentado en esa mesa de no fumadores. Fue por el gerente. Le expliqué la situación. Tomó cartas en el asunto. Llamço a la recepcionista y le dijo que necesitaba darnos, cuanto antes, una mesa de fumadores. Vino la recepcionista, enojada, igual que los otros dos meseros, y, cuando se distrajo el gerente me repitieron que tardaría “más de media hora”. Pero, pensé yo, cómo es posible que calculen tanto tiempo. La actitud de los tres enemigos míos era la que prevalecerá en el futuro: de maltrato a los fumadores. Pero, pienso yo, qué no entienden que mi disfrute no sólo es tragar la rica comida que ahí dan, que mi disfrute incluye la platiquita con cigarro en mano y en boca… Luego los acusé con el gerente, quien, en tres minutos, resolvió el problema: ¡MESA PARA FUMADORES! Comí feliz, estuve contento, fumé un cigarro antes de comer y cinco después de comer. Chido. Pero ya empiezo a prepararme psicológicamente para la andanada de intolerancia que se nos viene a los fumadores. Ni pex. Estamos perdiendo libertades y están ganando los intolerantes prohibicionistas. Ni pex. Así es la vida.

LO que describes es una típica escena de negligencia y necedad latinoamericana, en donde el papel del cigarro es meramente circunstancial. Es cierto que ahora habrá un nuevo motivo para que tengamos conflictos, pero no es que antes no los hubiera: los no fumadores tienen que joderse si los sientan en medio de un montón de comensales llenando el ambiente de humo.

Por ahí pusiste que los ciudadanos estaban en la histeria y no sé por qué personalizaste en mí. Yo no creo estar en ninguna histeria. Sí me parece que va más por ese camino forzar la interpretación de un problema común (personas negligentes que no admiten sus errores e insisten en ellos) como una batalla propia de la guerra del tabaco. Veo el peligro de que a partir de ahora veas todo –desde la construcción de ciclopistas hasta el enfrentamiento entre países desarrollados y en desarrollo por el calentamiento global– como nuevas evoluciones de la ofensiva por el derecho a fumar.

Yo creo que Xiuh puso histéricos a muchos, es cierto, pero no a mí, sino a quienes al protestar contra su iniciativa han marchado hacia una radicalización del discurso que ya, en lugar de ser defensora de ciertos derechos, derivó en un tabaquismo militante. Yo no apoyo a Xiuh y ya he dicho que, para sentarme a platicar contigo, con Manuel y otros, voy a ir a los sitios donde a ustedes los dejen entrar (je je). Me gusta la mala vida, qué le voy a hacer.

El tema, Chavadaba, es que al discutir en este espacio, ustedes creen que están lidiando con el mismísimo Xiuh y que los estamos apañando. Pero no. Yo sólo respondo a sus argumentos, porque con varios de ellos no estoy de acuerdo y espero que no deriven pronto en un radicalismo tabaquista. Yo insisto en que no tenemos que pedir permiso para respirar. Y aunque algunos amablemente nos pidan permiso para meter su humo en nuestros pulmones (si todos los fumadores fueran educados, Xiuh no tendría argumentos ni apoyo para limitar sus espacios), y nosotros cortésmente lo concedamos, el hecho es que están metiendo su humo en nuestros pulmones.

Y no se trata de si vivimos en una ciudad muy contaminada. Simplemente, es desagradable.

Por fin acabe de leer. A mi me han sentado varias veces en la zona de fumadores cuando he pedido la otra y no me hacen caso asi que me tengo que quedar ahi, porque te dicen que vas otra vez a la lista de espera. Unz vez nos fuimos de plano y no creas que les importó

Yo estoy de acuerdo con que el derecho de respirar es mas importante que el de fumar pero mi mujer fuma pero no en los restaurants ni en la casa.

Yo digo que si son unos histeriocos los no fumadores porque nadie se esta mietiendo con ellos y nomas nos quieren fregar a nosotros porque tenemos derechoa hacer lo que se nos antoje. si no fuman la neta ustedes se lo estan perdiendo porque es bien chido, te relaja y hasta convives mejor con la gente. yo digo que si no quieren que se fume que primero dejen de usar coche y apaguen las industrias y mejor porque no se van a vivir a una loma y ai si van a tener aire puro. yo la neta cuando un meserito de estos se me pone m*m*n yo lecho el humo a la cara y si no le gusta que se lo trague.

Que la histeria viene, viene, y viene fuerte. Ye hemos escuchado y leído muchos casos de que tal cosa será así. Catalina contó el caso de Barcelona, una prima que vive en San Francisco me hizo hace un año un relato atroz de lo que ocurrió allá. Muchas leyes, y la de los prohibicionistas no es la excepción, inciden en los entornos culturales, en las reglas sociales, en los modos en que percibimos lo que es permitido (bueno) y no permitido (malo). Cuando el derecho de fumar se coloca como algo no permitido (malo), porque así lo establecerán las nuevas leyes, y en los medios vemos desde hace varios años una estridente campaña supuestamente a favor de la salud (contra los derechos de los fumadores), tenemos como consecuencia que los argumentos antitabaco se reproducen de un modo más sonoro. Supongo que esto todos lo hemos visto, independientemente del lado del muro que nos coloquemos o de los matices de opinión que tengamos frente al tabaquismo.
Por eso, aunque el buen Manuel me prevenga de la inconveniencia de hacerlo, me gustaría conocer una estadística, de Harvard preferentemente, que nos indique claramente lo siguiente: de cada diez fumadores activos, cuántos mueren a causa de una enfermedad relacionada con aspirar humo de tabaco; y de cada diez fumadores pasivos, cuántos mueren a causa de una enfermedad relacionada con aspirar indirectamente humo de tabaco. Eso sería un buen principio para dimensionar el problema.
Ahora es visible, a mi juicio, que el mesero, la recepcionista y el gerente de restaurante toman partido. El comensal lo tomará públicamente. El cantinero igual. El amigo de bar, iguanas ranas. La actitud antifumador, me parece clarísimo, ya avanza, ahí va. De verdad que yo no distingo entre los antitabaquistas y los religiosos que tocan a mi puerta para decirme que me irá al infierno porque no voy a misa o porque eventualmente deseo a las mujeres de mis prójimos. El asunto está puesto, en el fondo, como un asunto entre el bien y el mal.
Digo que esta ley intolerante y las campañas publicitarias intolerantes están sembrando intolerancia, e histeria, en un asunto de creencias: unos creen que las estadísticas poco claras de las autoridades mundiales y locales de salud exageran los daños del tabaco. Otros creemos que están exagerando o que faltan datos precisos para demostrar el daño del cigarro o que las autoridades mundiales y de los países deberían emprender campañas contra la industria que contamina (claramente más que el tabaco) y que bien podrían los gobiernos acelerar la implementación de coches eléctricos (porque los que echan humo hacen mucho más daño a la salud que los humos del cigarro).
Sé que camaradas como Témoris, a quien desde hace mil años le molesta el cigarro, seguirá colocándose, pese a su disgusto, en el lado del bar en el que estemos Manuel y yo. Procuraré echar el humo lejos de él, en la medida de lo posible. Y también sé, me atrevo a fijar cualquier tipo de apuesta, que nuestro amigo Témoris, que convive con muchos fumadores, asiste a cafeterías repletas de fumadores y visita bares envueltos en humo, no contraerá cáncer de pulmón. Nuestro amigo fumador pasivo no librará una lucha contra una enfermedad de ésas. Quizá yo sí, tampoco estoy desinformado, sé que el cigarro hace daño a mi salud, y más con las cantidades de nicotina que me inyecto, pero, como he dicho, tengo derecho a elegir mis propios venenos (también elegí, por cierto, bajarle a las grasas).
La histeria está ahí y vendrá más fuerte, como ya se instaló en Gringolandia y en Europa. Además de elegir mis venenos ya elegí también que luego de la aprobación de la ley, tendré que llamar a los restaurantes antes de acudir a ellos: reservaré mesa de fumadores y, si no la hay o no hay lugar disponible para viciosos como yo, no iré. No gastaré mi dinero en bares que no tengan un lugar para encender mis cigarros. Porque quiero y porque pienso que hay que ensanchar las libertades y restringir las prohibiciones.

es muy interesante tus puntos de vista, aligera de verdad la lectura y la noticia como tal, si puediras Salvador me gustaría poder platicar contigo podremos tener comunicación por email? Así podremos tener la oportunidad de comentar mas a fondo. un saludo hasta luego

PROHIBICION?? ESO ES ALGO QUE A CADA QUIEN DEBERÍA TOMAR EN CUENTA, TODOS Y CADA UNO TOMAMOS LA DECISION DE HACERLO O NO HACERLO, YO SOY UNA FUMADORA, QUE DISFRUTO MUCHO DE IR A TOMAR UN CAFE Y FUMAR, O TOMAR UNA COPA Y FUMAR, SABEMOS QUE ES PERJUDICIAL Y EXISTE ESO DE LOS FUMADORES PASIVOS, PERO SI NO EXISTIERAMOS LOS FUMADORES, HAY MAS CAUSAS DE CONTAMINACION AMBIENTAL, QUE DEBERIA DE VERDAD EL GOBIERNO TOMAR CARTAS EN EL ASUNTO, COMO LIBERAR A LA BELLA CIUDAD DE MEXICO DE TANTO TRANSPORTE TANTO PUBLICO Y DE LOS CIUDADANOS LAS “CHATARRAS” Y NO SOLO DE LA CIUDAD DE MEXICO SI NO EN TODO EL PAIS, EFICIENTANDO ESTE MEDIO DE TRANSPORTE PARA QUE SE LIMITE EL USO DEL AUTO PARTICULAR, DANDO APOYOS VERDADEROS Y DE VERDAD PREOCUPANDOSE DE QUE LAS EMPRESAS TENGAS LAS MEDIDAS ADECUADAS PARA QUE O SE CONTAMINE MENOS O NO SE CONTAMINE.
HACE MUCHOS AÑOS HASTA EN LAS PELICULAS LO VEIAMOS SE FUMABA EN CUALQUIER LUGAR Y NO HABIA NINGUN PROBLEMA. LIMITAR TU LIBERTAD DE HACER ALGO QUE A FINAL DE CUENTAS ES TU DECISION ES UN ABUSO HACIA TUS GARANTIAS, POR QUE NO PERMITEN QUE HAYA LUGARES EXCLUSIVOS PARA FUMADORES? Y LOS NO FUMADORES ENTREN A SU PROPIA CUENTA Y RIESGO.
LES PUEDO COMENTAR QUE HE IDO A MUCHOS LUGARES EN LOS CUALES TE DESIGNAN LUGARES (CASI CASI EN EL BAÑO) LO MAS ALEJADO DEL LUGAR, Y TE DA UN CORAJE TREMENDO QUE ALREDEDOR DE TU MESA SE SIENTAN UN BUEN DE FAMILIAS QUE NO FUMAN QUE LLEVAN NIÑOS Y TU DICES “QUE ONDA” NO QUE ES LUGAR PARA FUMADORES, QUE TIENEN EN LA CABEZA ESAS PERSONAS? DICIENDO Y RECLAMANDO QUE LOS FUMADORES LOS ENVENENAMOS SI ELLOS SE DIRIJEN A TU LUGAR?

Aplausos, aplausos, trataba de ver si por aqui habia ideas mas genuinas y menos reiterativas que en su otro escrito, mire que es usted un malabarista de las letras, pero de las letras comunes, se pierde en un puñadito de ellas y se agrarra de argumentos para redondear su idea o su ideota, en fin, perderiamos tiempo en una diatriba condenada al fracaso, pero lo que esta encaminado al bien nunca estara de mas, porque no concentra sus rabietas de preppy en temas mas interesantes, por ejemplo la reforma energetica, por ejemplo la famosa “guerra” contra la delincuencia, anuni !, usted puede (me imagino) situese a la altura de las circunstancias, digo, me podra decir que si no me gusta no lo lea, pero parafraseando sus sesudas oraciones, le dire, dejeme que lea las estupideces que yo quiera, pero por favor permitame disentir de ellas, tambien en ese gusto hay limites.

Hola viejos amigos. Bueno la medida de hacer espacios para fumadores no vino sino de Phillip Morris, la dueña de la marca Marlboro y fue la inciativa de una argentina hace no muchos años, que trabajaba para esta firma en latinoamérica. De hecho, hablando con ella, me dio a conocer que un principio era una medida “innovadora” propuesta publicamente para que los fumadores tuvieran su propio espacio sin que fueran molestados. Al final, cada quien ve las cosas desde su punto de vista. Ahora que soy ex fumadora, no me siento afectada por la medida, en los bares madrileños la disposición no funcionó (hay excepciones, por supuesto!) y aquellos que en un principio habián decidido llevar la ley a rajatabla al cabo a los pocos meses se arrepintieron, invirtieron en extractores de humo y permitieron fumar. Así que después de una noche de marcha seguiré aireando la ropa antes de lavarla de nuevo.


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