Segunda caída, segunda

Posted on 9 noviembre, 2007. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

 

Estamos en la parte de Berlín Oriental, lo que perteneciera a los comunistas hace 18 años, cuando se cayó el Muro de Berlín. Desde entonces aquí se vive sin esa dictadura que para muchos era una opresión política, económica y social. Otros todavía lo niegan y aseguran que querrían el Muro de regreso, para ser exactos uno de cada cinco alemanes.

Obviamente nunca va a regresar. Sueños guajiros, como diríamos los mexicanos.

Pero si era una opresión o si era una convivencia social, esa es la pregunta, y eso es lo que debe de permanecer en el recuerdo.

Hay museos, hay instituciones, hay libros que recuerdan el Muro de Berlín e incluso por las calles de la capital alemana viaja incansablemente la cicatriz del Murto de Berlín, una línea de ladrillos que marca el lugar por donde estaba de pie. Pero, eso sí, no hay nada como el Muro mismo.

Me refiero al Muro como ese pedazo de concreto en su lugar original, que nunca se ha movido y que desde noviembre de 1989 fue dejado a propósito así para hacernos reflexionar: la East Side Gallery.

Porque en realidad las piezas de concreto están en todas partes. Los vendedores ambulantes las ofertan a los turistas a un precio nada razonable. Un Museo las reinstaló para una exhibición permanente, otro museo las reinstaló temporalmente (¿¿??) y, recientemente que visité un centro de reciclaje (algo no conocido en México pero muy parecido a un tiradero de basura), había esas piezas de tres metros de altura por uno de ancho formando una barrera para contener basura. Sí, el Muro tiene un lado útil.

Pero la East Side Gallery (nunca hubo nombre en alemán para este museo de sitio) es la buena. Este trecho de Muro de Berlín se ha quedado en pie desde sus inicios. Corre 1.3 kilómetros a lo largo del río Spree y tiene las famosas pinturas de afamados artistas de todo el mundo.

El problema es que se está cayendo. Esta vez no políticamente, sino físicamente. Este Muro de Berlín, un recuerdo histórico y la mayor atracción turística de Berlín o incluso de Alemania, se está desmoronando. En estos 18 años de supervivencia existencial la contaminación de los autos, la humedad del río aledaño y el sol la han estado tirando. Claro, también los turistas han colaborado en gran parte (por eso hay que hacer una distinción entre turista y visitante, el turista es un ser subnormal que sólo se interesa en presumir los lugares que visita y dejar huella en ellos). Las pinturas están todas llenas de señas particulares, que el Mundial del 2006, que Juanita ama a Pedro, que Giovanna se besó con Piero, que hay una fiesta para tal fecha, etc. El Muro se ha convertido en un pizarrón de mensajes, en un lugar que atestigua cuántas personas querían hacer saber que visitaron Berlín y que nunca se detuvieron a pensar en su visita. Es un desastre.

Hay pinturas que no se aprecian más como el beso de Honecker, como el Traband, el coche de la RDA, atravesando el Muro y haciéndolo pedazos, y hay hasta hoyos que causan esas personas que van con un cincel a sacar pedazos de Muro, ya sea para llevárselos de recuerdo o para venderlos en el mercado del Zoo.

El único que lo salva es el presidente de la Iniciativa de Artistas de la East Side Gallery, Kani Alavi, un iraní que parece más preocupado por mantener el Muro de pie que cualquier alemán. Los alemanes, tal y como han hecho con la Segunda Guerra Mundial, empezarán a recordar el Muro unos 60 años después, cuando ya no haya restos de él (así como tampoco hay restos del Búnker de Hitler), o cuando muchas generaciones que sí pensaban en él y tenían mucho que aportar ya hayan desaparecido.

Por poner un ejemplo, la East Side Gallery es un patrimonio histórico pero no hay nadie que lo vigile. No hay policía, no hay guardas privados, no hay siquiera reflectores que pudieran contribuir a destacar a un posible vándalo por las noches. Las placas de Patrimonio ya fueron robadas y, por si fuera poco, el capitalismo que ha llegado de lleno al Este hace de las suyas. Justo al lado, en este lado oriental, se está construyendo una nueva sala para conciertos patrocinada por una de las grandes firmas de celulares de Europa. Y como está al lado del río, el dueño quería tener un acceso al tráfico fluvial. ¿Qué hizo? Mandó quitar unos bloques de Muro que le estorbaban. Así de fácil.

“Quería tener acceso a un muelle que está construyendo para permitir a la gente que pueda desembarcar en el río y acceder a tiro de piedra a esta sala”, comenta Alavi.

Nadie hizo nada, como nadie hace nada por la manutención del Muro y de sus pinturas, que recuerdan el día en que se cayó un gobierno, un sistema mundial.

Esta es, en términos de cualquier deporte del mundo, pero verbalizado con el carisma de la lucha libre mexicana ¡la segunda caída, segunda!

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6 comentarios to “Segunda caída, segunda”

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Y ese es un país de primer mundo?

A los 19 años, conocí el Muro antes de su derribo. Había caído el gobierno de Alemania Democrática, pero fue reemplazado y nada sugería que todo el sistema se desplomaría con las paredes grafitteadas del Muro. Y ocurrió sólo dos semanas después: viajaba con un amigo de aventón, habíamos llegado tras muchas penurias (noches en la carretera, tres cuadritos de chocolate como alimento del día)a Madrid, donde teníamos casa y agradables brazos para descansar, pero no dinero. Ahí nos enteramos del gran evento, impotentes para regresar, frustrados por haber estado allí tan poco tiempo antes sin haber presenciado el momento histórico.

Regresé a México y de un edificio en demolición tomé pedazos de ladrillo que entregué como fragmentos del muro a mis amigos más crédulos. Supongo que todavía los conservan en sus vitrinas.

Pero yo por lo menos los regalé: hoy en día, en cada German-curious de Mitte, en el centro de Berlín, venden postales con fragmentos de muro, llaveros e incluso piezas grandes en miles de euros. Y quién sabe de qué muro serán, porque con un par de embarradas con el pincel todos los pedazos son pardos. El Museo del Muro de Checkpoint Charlie es interesante, pero más que nada es una trampa para desplumar turistas, deteriorada y llena de polvo. Así como unos abren lo que queda del muro para salir al río, miles más han convertido esa dramática pieza de historia en una baratija.

Hola Yaotzin. Lo que cuentas me recuerda algo que tú y yo ya hemos platicado, pero lo quiero compartir con los demás. Hace un par de años viví unos meses en Berlín. La oficina donde trabajaba, en un primer piso, tenía una gran ventana que daba justo a un fragmento de muro con todo y sus casetas militares de la época. Es más: si el muro no terminara unos pocos metros antes, pasaría debajo de mi silla. Es una vista que nunca olvidaré. Sentía que era una suerte escribir desde ese sitio. Lo curioso de la historia es que esa “oficina” era en realidad una cocineta a la que sólo entraban mis colegas, con años trabajando en ese edificio de prensa internacional, para prepararse un café o comerse de rapidito un bocadillo. Un saludo estimado Yaotzin.

Oye Yaotzin, aquí te andan buscando los porros de la SSTMUPANDH (Sociedad Subnormal de Turistas Modestos que no Usan Patrick’s Por Aquéllo de No Dejar Huella)”, quesque no les gustó algo que escribiste…

Cuando pensamos el muro, pensamos realmente en él o en su caída. Pensar cualquier muro por su caída, contradice la lógica de la ingeniería y la arquitectura. Sin embargo, en Berlín, la lógica de su construcción hacia también necesario pensar su caída. La división artificial de una ciudad era en realidad simbólica y reflejaba dos mundos, ideologías, y modelos en conflicto. Ahora, cruzar con una facilidad casi excesiva por lo lugares donde alguna ves estuvo erigido aquel muro hace pensar que su historia pareciera un cuento de ficción. Nada más lejano a ello. Y entre el olvido y el recuerdo, se debate Alemania y los alemanes.
Felicidades Yaotzin por el artículo

Hola Yao, felicidades por tu artìculo, a pesar de que tristemente aùn no piso tierras alemanas, y sì tengo en mi vitrina un frascquito de supuesto cemento del muro… ji,ji,ji, creo que relatas de manera muy intimista esta problemàtica.
Mientras “del otro lado del charco” los alemanes tendrìan que “aplicarse” en conservar su historia como la mejor reflexiòn de las peores atrocidades que comente el ser humano, en Mèxico parece que igual nos quedaremos de brazos cruzados al ver como se construye el muro con E.U. Cuànta irracionalidad no??

Lo dicho, felicidades y un gran placer leer tan buenos artìculos en este blog.
Un abrazo.


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