Sociedad Zombi -Sociedad higiénica: ¿A dónde se fueron los difuntos?

Posted on 3 noviembre, 2007. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Un artículo sobre muerte y literatura me hizo pensar que el 1 de noviembre es solo un puente más para muchos españoles. En una sociedad higiénica, la muerte no tiene espacio. Son cada vez menos los muertos que ese día cobran vida. En Barcelona, unas 90.000 personas acudieron el jueves a los cementerios. El año pasado eran 110.000. Barcelona era el jueves pasado ciudad desierta y en los noticieros hablaban de las retenciones causadas por el largo puente.Escribía en el artículo que el día de difuntos “es el día que muchos hijos y nietos desentrañan el árbol genealógico al que pertenecen. Lo hacen frente a nichos, panteones o mausoleos en el que están sus apellidos precedidos de nombres que ellos ya no reconocen. Ese día, los muertos tienen 24 horas de presencia en la vida. Dejan de ser ayeres de la historia, fotografía sepias, para convertirse en recuerdos vividos y contados”.

El jueves supe que mentí: la imagen anterior no es cierta. En una sociedad higiénica no hay rastro de la muerte: en Barcelona las campanas ya no redoblan por un muerto; el fallecimiento de un conocido se anuncia en mails con eufemismos como “ha hecho el traspaso”; el muerto se esfuma sin un velatorio con cuerpo presente, y el ritual de luto se hace en casa, donde la tristeza puede tener cara.

La muerte es para muchos en Europa un tabú social que queda reducido a estadísticas. En el 2006, según datos del INE, murieron 371. 267 españoles (publicado en la sección de Cosas de la Vida de El Periódico de Catalunya). La principales causas de muerte entre los españoles son, por este orden, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y los accidentes (publicado en un dominical español).

La muerte causa muecas entre los barceloneses. Es más, provoca repulsión. Para escribir el artículo, me paseé en metro con los libros La muerte derrotada. Antropología de la muerte y el duelo y con La negra señora apoyadas en mis rodillas. Bien a la vista. Las portadas de los dos volúmenes son dos calaveras tras unas rejas de hierro. Una mujer sentada al lado se fijó en la imagen y apartó la vista. Un chico hizo una mueca de desagrado. Los dos libros hablan del luto como un triunfo sobre la muerte, como un recuerdo reconfortante.

Sacar la muerte, así con naturalidad, durante una sobremesa es aquí políticamente incorrecto. Para escribir el artículo, leí El año del pensamiento mágico de Joan Didion. La escritora neoyorkina da una bofetada a la corrección. En un libro duro y sincero cuenta cómo se enfrenta a la pérdida de las dos personas que más ama: su esposo y su hija. Él murió el 30 de diciembre del 2003. Ella, el 26 de agosto del 2005 . Cinco días antes de la muerte súbita del padre, la hija su frió una hemorragia cerebral. “La muerte –escribe Didion– es un momento normal”. Esta certeza por normal es incluso anormal en una sociedad higiénica.

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3 comentarios to “Sociedad Zombi -Sociedad higiénica: ¿A dónde se fueron los difuntos?”

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Imagino que lo que te ocurrió es que escribiste el artículo con la idea que solías tener de lo que era España y después lo contrastante con lo que es España ahora (perdón, hablábamos de los condados catalanes, ¿verdad?). Esto me recuerda algo que nos platicó una de nuestras maestras preferidas del doctorado en Madrid.

En los 80, decía ella, los “europeos” (con frecuencia, en España se habla de “los europeos” como si la península lo fuera de África y no de Europa) iban a España y se quedaban impresionados con el entusiasmo que la gente ponía en las elecciones políticas, mientras que en el resto de Europa Occidental la gente iba a votar como a comprar pan. “Ahora”, se quejaba Elena, “las elecciones nos emocionan tanto como elegir entre pan blanco y pan integral” (claro que eso nos dijo antes de los atentados de Madrid, que naturalmente le dieron otro cariz a esa campaña).

Y sí. Parece que perder el entusiasmo electoral o la vinculación con la muerte es parte del proceso de “higienización” de la sociedad.

Aquí en México, mientras tanto, fuimos el día 2 a los cementerios, que estaban repletos de gente que limpiaba y embellecía las tumbas con muchas flores, se sentaba sobre ellas, les traía música, pan y vino a sus muertos y se emborrachaba con ellos. Hasta ahora, esto no se ha perdido.

En mi país eso es difíl de entender, pues el culto a la muerte es parte de nuestras raíces.

El artículo respondía a las novedades editoriales sobre la muerte. Por cierto, el de Joan Didion es absolutamente recomendable. Yo soy de un pueblo de una isla y allí la vida es muerte. Tengo una sobrina de siete años que sabe perfectamente cuándo las companas tocan por un muerto y cuándo anuncian las horas o una fiesta. Por eso, no deja de chocarme cómo se vive ese día en las ciudades, sobre todo porque en el Mediterráneo la cultura de la muerte es importantísima y va muy unida a la tierra, a la fertilidad, al cambio. Yo, como medio mexicana, por supuesto me hice mi altar con pelona incluida.


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