Guatemala: la caza del alcalde

Posted on 31 octubre, 2007. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Guatemala

El papá debe haberle dicho que la democracia sirve para cumplir los deseos del pueblo, porque la pequeña maya Luz de Jesús tenía muy claro el suyo cuando lo acompañó a votar: “Que se lleven a los malvados”, me dijo. Estábamos en San Pedro Sacatepéquez, el 9 de septiembre, uno de los muchos pueblos indígenas de Guatemala que votaron para presidente por Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Pero en la capital y algunas zonas de predominancia ladina (mestiza), tuvieron ventaja otros candidatos. A nivel nacional, Colom obtuvo el 28%, seguido por Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP), con un 23%: nadie consiguió más del 50% y el próximo domingo, 4 de noviembre, habrá una segunda vuelta entre los dos punteros.

El conteo fue ejemplar: en la madrugada estaba listo el 99% de los datos y los contendientes aceptaron las cifras del órgano electoral, cuyo presidente se permitió felicitarse a sí mismo tras alabar a dios. Subrayó que una prueba de la solidez de esta democracia es que una vez más, como ha ocurrido siempre desde su restablecimiento en 1985, el partido en el gobierno perdió el poder. Y parecía, además, un resultado europeo a partir de un caos centroamericano: de 14 candidaturas presidenciales, quedaron dos, una de centro-izquierda (Colom) y una de centro-derecha (Pérez Molina). Como en Francia.

Una segunda mirada nos muestra que el panorama hacia el 4 de noviembre es muy distinto. No es sólo que los partidos no retienen el poder: ninguno ha podido regresar a él. Esta falta de continuidad no es un signo de solidez democrática, sino de debilidad: las organizaciones políticas carecen de estructuras nacionales, se forman alrededor de personalidades y sus conflictos son también personales. Una vez que fue claro quiénes pasaban a segunda vuelta, Pérez Molina buscó a los candidatos descartados para conseguir su apoyo. Sólo consiguió el del tercer lugar, Alejandro Giammatei, a quien desautorizó su dirigencia. Así que Pérez Molina debió cambiar de táctica para imitar la de Colom: cortejar el poder local, el de los alcaldes recién electos, cuya lealtad hacia sus partidos duró tanto como sus campañas. Públicamente, los nuevos concejales hicieron el show de quitarse las camisetas de las agrupaciones con las que ganaron y ponerse la del candidato presidencial que les llegó al precio. Es lo normal: ni Colom, ni Pérez Molina ni Giammatei están hoy en los mismos partidos en los que militaban en las elecciones pasadas (las de 2003, cuando en segunda vuelta Colom perdió 55-45 frente al presidente Óscar Berger).

Tampoco convence la supuesta división ideológica. Los conceptos de izquierda y derecha se quedaron en el discurso de los militantes, ni una sola de las personas comunes con las que hablé manejó esos términos. Entre ciudadanos y políticos hay un abismo más grande que el que hay en México. Son campañas sin pasión. No la vi por Colom, definitivamente: fue a votar y sólo le aplaudieron dos o tres de quienes venían con él. Tiene cara de buena gente, pero parece tímido. Pérez Molina tiene mejores dotes populacheras. Besa bebés y saluda al que se deja. En su centro de votación lo esperaba una familia que vistió con el color naranja de su campaña hasta un perro. General retirado, fue jefe de la inteligencia militar y tuvo mando de tropas en el Quiché, en tiempos de represión feroz. Ahora le han levantado algunas acusaciones por violación de derechos humanos. Aunque no llama a quemar comunistas, como era común aquí, su programa se reduce al puño cerrado de su emblema y la “mano dura” de su eslogan. Y su propuesta es combatir la delincuencia mediante suspensiones de garantías, cerco de áreas problemáticas, uso de la fuerza militar…

Muchos guatemaltecos coinciden con él. Sobre todo los niños como Luz de Jesús, que en las elecciones infantiles, celebradas a la par de las de los adultos, votaron en un 60% por el “mano dura”. Un votante me dijo que disfrutaba la libertad que le había dado el fin de la dictadura y de la guerra civil. Pero… entonces cambió de opinión: con la libertad se alebrestó la delincuencia, vinieron los mareros (miembros de las maras), se acabó la seguridad. “Pérez Molina tiene carácter”, opinó. Todo el mundo se queja de lo mismo: la criminalidad está peor que nunca. Peor en épocas electorales: más de 50 aspirantes a alcalde fueron asesinados, muchos de ellos porque estorbaban a los candidatos del narco o no se habían dejado cooptar por él. Pero también más de cuarenta conductores de autobús. La UNE culpó de ello al PP, matar choferes sería una forma de acentuar el sentimiento de inseguridad y llevar a la gente a votar con miedo por el “mano dura”.

Colom sería la alternativa civilizada. Su plataforma, mucho más amplia que la de su rival, se enfoca hacia el desarrollo económico, el empleo y los programas sociales para sacar al pueblo de la espiral de violencia. También es la oportunidad de que, por fin, sea presidente alguien desligado de la recientísima historia de sangre del país. Mientras Pérez Molina se exhibía con los ex miembros de las PAC (los paramilitares derechistas de las Patrullas de Autodefensa Civil, responsables de masacrar campesinos), Colom se acercaba a organizaciones de víctimas… hasta que en la desesperada persecución de apoyos rumbo a la segunda vuelta, se presentó con varios exPAC a quienes les prometió compensaciones económicas.

El sector de origen maya, un 60% de la población, sigue sometido a la minoría ladina. Por primera ocasión se presentó como candidata presidencial una mujer indígena, la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú… pero es difícil de entender su apuesta de poner su autoridad moral en una boleta de votación. La gente terminó juzgándola como a cualquier político. Obtuvo un 3% de los votos. Votaron más por lista de diputados de su partido, Encuentro por Guatemala, que consiguió el doble, 6%.

El preferido de los mayas (aunque sólo de una mayoría relativa) es Colom, a pesar de que la distancia que los separa de este empresario blanco. Él votó en un colegio privado de la zona 15 de la capital: nos ofrecieron refrescos y galletas, los electores (lo spadres de familia con niñitos güeritos muy bien vestidos llegaban en camionetas todoterreno que nunca salen del asfalto) hacían filas de cinco minutos en un espacio techado y decorado con lemas cívicos, tenían a su disposición ocho baños portátiles y disfrutaban de la música de un grupo en vivo; en la escuela pública de San Pedro Sacatepéquez, en cambio, los mayas esperaron bajo el sol en colas de horas, sin aguas para beber ni recovecos para echarlas, con los niños muertos de sed sentados bajo la sombra de los mayores.

Ahí conocí a Luz de Jesús, cuando su papá no me dio permiso de hacerle una foto. No por malhumor: estaban contentos y esperanzados de que sirva de algo votar por Colom, quien ha armado con numerosas alianzas lo más parecido en Guatemala a una estructura nacional, con la que su partido ganó el 30% de las alcaldías (el doble que el PP). No pude averiguar si los mayas conocen su propuesta de gobierno o creen que podrá combatir la delincuencia. O tal vez no lo necesitan para eso: una semana después, el 16 de septiembre, en San Juan Sacatepéquez, cerca de San Pedro, una comunidad linchó a dos mareros y visitó en sus casas a otros 150, a quienes invitó a firmar un compromiso de buena conducta para que no les pasara lo mismo.

A mediados de octubre, Colom iba ligeramente atrás en las encuestas, con 37 puntos contra 39 de Pérez Molina. Es un empate técnico y todavía no hay nada para nadie. Si este pueblo extremadamente pobre requiere al candidato de la UNE, será entonces para que lleve a cabo un programa social eficaz. Pero si él gana, no va a llegar con manos libres: la debilidad del sistema de partidos significa que los poderes fácticos (las compañías extranjeras, la oligarquía, los militares, el narco, el clero católico, los ministros evangélicos) a nivel nacional y local tienen una influencia que aplasta al poder ciudadano. En la desordenada competencia por robarse alcaldes, los apoyos no se dan por simpatías ideológicas, sino por intereses. Esto, después de todo, sigue estando muy lejos de ser Francia.

Álvaro Colom al presentarse a votar

Otto Pérez Molina

Familia en el recinto donde votó Colom

Escuelita democrática

Puro votante comprometido

El can trajo a sus fans

En San Pedro Sacatepéquez

TODAS LAS FOTOS SON DE TÉMORIS GRECKO -septiembre de 2007

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5 comentarios to “Guatemala: la caza del alcalde”

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No cabe duda, como bien decía el profesor montero, cada elección es un universo aparte

Pido disculpas por los terribles errores en el comentario pasado pero escribir desde el celular y cortar y pegar desde el mismo es un desmadre.

Ya en otras ocasiones habíamos visto lo triste de esta realidad, muchos prefieren estar sujetos al yugo por pura comodidad.

Creo que la debilidad partidista en AL es reflejo de la poca institucionalidad, ya que los intereses fácticos prevalecen por sobre los intereses populares, eso indica que la sociedad (y sus representantes, los partidos políticos) no están organizados bien, o peor organizados que los poderes fácticos.
No se si en éste caso se puedan asociar los siguientes temas:
1. Debilidad democrática de AL. Donde la gente cambiaría democracia por dictaduras que mantengan el orden y desarrollo económico.
2. Falta de identidad ideológica. Por lo mismo no hay división ideológica o institucionalidad política, debido a los niveles bajos de educación.
3. Debilidad del estado, o estados fallidos. Por eso la gente prefiere estados fuertes aunque antidemocráticos, para preservar el orden y la economía.

Creo q me tocara el final de los comentarios, ya que me bloquearon el blog en mi trabajo, solo lo puedo ver en la noche llegando a mi casa… =0(

Un saludo a todos!

[…] 31-oct en Mundo Abierto Mañana miércoles me toca publicar en Mundo Abierto. Esta vez, un reportaje desde Guatemala sobre las elecciones […]


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