Sociedad de responsabilidad ilimitada

Publicado en 2 junio, 2008. Archivado en: Walter Duer -Buenos Aires | Etiquetas: , , , |

Walter Duer / Buenos Aires

 

Basta con que alguien de menos de 40 años cometa un acto irresponsable para que alguien de su entorno lo justifique: “es que es joven”. Nuestra sociedad ha generado una sinonimia entre las palabras “irresponsabilidad” y “juventud”. Sin embargo, el grupo de chicos que formó el Grupo interrupción*, un espacio apolítico de muchachos comprometidos con el cambio social, donde encuentran alternativas de participación  y liderazgo, rompe con este ideario popular. Son jóvenes y están convencidos de que cada acción de consumo, de producción o de inversión ejercida con responsabilidad tiene impacto positivo y mejora la sociedad.

 

Diego González Carvajal, el principal ideólogo de esta agrupación, ronda los 30 años, pero tiene un inevitable aire adolescente para caminar, para vestirse y hasta para hablar. Así como su aspecto quedó enclavado en los primeros años de la juventud, también lo hizo su idealismo. “En la universidad nos reuníamos en bares con amigos y nos la pasábamos discutiendo sobre la manera de generar una revolución para el siglo XXI”, explica este economista con orientación en ciencias políticas egresado de la Universidad Di Tella y que luego realizó un intercambio en la New York University, para luego recordar que “las charlas siempre giraban alrededor de  un mismo tema: si las personas hiciesen todo de manera responsable, el mundo sería diferente”.

 

El emprendedor social, además, agrega que “en Argentina las políticas de Estado no se orientan al bien público, los líderes políticos e instituciones no brindan respuestas efectivas a los problemas estructurales ni a las necesidades básicas de la ciudadanía, y los índices de desempleo, pobreza, desigualdad en el nivel de ingresos, e inseguridad se incrementan a diario”.

 

interrupción* propone un modelo en el que las empresas trabajan con responsabilidad en toda su cadena de valor involucrándose en el desarrollo de las comunidades donde operan, los consumidores deciden comprar productos elaborados según parámetros de responsabilidad social, los jóvenes optan por la participación cívica y comunitaria, las organizaciones con fines sociales se transforman en empresas sociales generadoras de empleo y los inversores tienen la oportunidad de obtener un retorno económico y social del dinero que colocan. “En definitiva, es una comunidad de personas que trabajan para ofrecer herramientas y productos que contribuyan a la creación de un mundo mejor para todos”, simplifica su creador.

 

El día después de mañana

El grupo nació durante el colapso general de la Argentina en 2001 con la idea de generar un esquema de “comercio justo”, cuyos productos  deben cumplir con algunos requisitos clave. El primero de ellos es un “precio justo”. “Es el que siempre cubre el costo de producción y que ofrece un margen saludable de ganancia para proveer una forma de vida digna a los productores y recursos para invertir en calidad, capacidad del negocio y sostenibilidad en la producción”, define González Carvajal. Para la mayoría de los productores involucrados, esto equivale a un valor que se sitúa entre un 5 y un 10 por ciento por sobre el precio de mercado.

 

Otra característica son las “condiciones de pago justas”. En este sentido, interrupción* está desarrollando herramientas de administración de riesgos con instituciones financieras asociadas para asegurar que se les pague a los productores tan pronto como su producto esté listo para abandonar las chacras. Mientras que estas herramientas se desarrollan, la entidad se compromete a pagar como mínimo el 10 por ciento antes de la cosecha, el 40 por ciento al recibir la entrega del productor y el 50 por ciento restante dentro de los 90 días posteriores a la recepción del producto.

 

Pero el proyecto va mucho más allá de los individuos, como son los consumidores o los productores que se benefician con esta “justicia”. La comunidad donde reside el productor también se ve beneficiada, porque el 4 por ciento de las ventas de cada producto dentro de este esquema se deposita en una cuenta de primas sociales de los trabajadores de cada chacra y la cosecha para invertir en proyectos de impacto social, económico y ambiental. los potenciales proyectos que se desarrollan con la prima social se encuentran guarderías para los hijos de los trabajadores, becas universitarias, fondos de retiro, microcréditos para pequeños emprendimientos, jardines comunitarios, programas de salud pública, certificación orgánica de productores, fortalecimiento de cooperativas, mejoras en la calidad del producto o proyectos de ingresos alternativos.

 

Quién define qué es justo

Atención: no basta con que un productor diga “yo voy a ser un comerciante justo” para que ingrese en el circuito de interrupción*, sino que debe certificar como proveedor de Comercio Justo ante el Instituto de Ecología de Mercado (IMO), que se encarga de fiscalizar y auditar que los productores cumplan con todas las normas de responsabilidad con el medio ambiente y con su comunidad que los hagan merecedores de esta certificación, que significa que existe un precio justo y condiciones de pago justas para los productores, que hay condiciones de trabajo seguras y salarios dignos para los trabajadores, quienes, además, tienen una representación organizada.

 

Además, quienes hayan certificado no pueden usar los agroquímicos más dañinos, deben respetar los recursos de agua y los ecosistemas sensibles, tener un manejo responsable de la tierra y transparencia del origen del producto desde la semilla hasta la góndola.

 

El ideólogo cuenta que “nuestro objetivo de base es crear un proyecto político de largo plazo, un modelo de desarrollo para la Argentina que no sea ni demasiado altruista ni demasiado egoísta y que permita buscar el rédito económico y el desarrollo personal, pero también contribuir a la sociedad y apuntar al bienestar general”, aunque de inmediato se siente en la necesidad de aclarar que “somos un proyecto político, pero no político partidario, sino político definido como la búsqueda del bien común”.

 

Tener como premisa un cambio en la sociedad a partir de los comportamientos responsables de cada uno de sus individuos es, en principio, una utopía cercana a lo quijotesco. Sin embargo, las acciones concretas que está llevando a cabo interrupción* demuestran que es cierto que es difícil lograrlo, pero que dista mucho de ser imposible. “Nos basamos en un optimismo eterno y en la creencia de que se puede cambiar la realidad. Si no se tiene esta fe, ni siquiera se puede empezar”, concluye González Carvajal.

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2 comentarios to “Sociedad de responsabilidad ilimitada”

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Me parece un proyecto súper padre y sobre todo saber que ya existe quien esta poniendo acción a tan buenas ideas.

Interesante proyecto, Walter. Me surgen algunas preguntas: ¿Qué tanto se está expandiendo el circuito a siete años de existir? ¿Contempla sólo el mercado interno?
¿Qué posición adopta Glz. Carvajal respecto a la crisis agropecuaria en Argentina?
Saludos, M.


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